1. Un río de lágrimas

    1 abril, 2018

    ¡¡¡Benditas lágrimas!!! Las sanadoras que nos abren el alma, las que se convierten en un río que nos transporta a ese recóndito y amigable lugar de consuelo, y también aquellas que en su abundancia elevan el cauce del río que nos lleva evitando que las rocas nos lastimen. Las palabras que os transcribo a continuación de Clarissa Pinkola Estés en su libro “Mujeres que corren con los lobos” me han hecho sentir el llanto como algo liberador, como un derecho ancestral que nada tiene que ver con el victimismo. Mi llanto se unirá al de tantas otras, abriendo nuestros corazones, humedeciendo la tierra. Nuestro llanto se convertirá en un potente nexo de unión.

    “Existen océanos de lágrimas que las mujeres jamás han llorado, pues les han enseñado a llevarse a la tumba los secretos de su madre y su padre, de los hombres y la sociedad y los suyos propios. El llanto de una mujer siempre se ha considerado muy peligroso porque abre las cerraduras y los pestillos de los secretos que lleva dentro. Pero en realidad, por el bien del alma salvaje de la mujer, es mejor llorar. Para las mujeres las lágrimas son el comienzo de la iniciación en el Clan de la Cicatriz, esta tribu eterna de mujeres de todos los colores, naciones y lenguas que a lo largo de los siglos, han sobrevivido a algo muy grande, lo hicieron con orgullo y lo siguen haciendo”.


  2. Rendición

    6 enero, 2018

    Rendición es una palabra que se me repite frecuentemente. Aparece en infinidad de textos, conversaciones y distintas oportunidades. Así que me he acercado a ella desde el corazón.

    Con la práctica de la rendición se nos presenta  la oportunidad de abrirnos sin condiciones al Universo. Podemos experimentar la sensación de estar acunados en los brazos de una madre donde todo es seguridad, refugio y amor incondicional. Cuando nos ronda el temor, la incertidumbre y la desarmonía, la práctica de la rendición en el sentido de confianza nos puede ayudar a reconocer la finalidad de nuestro paso por la tierra y recuperar la conexión con nuestra verdadera esencia.


  3. Recoger los frutos

    22 octubre, 2017

    Mientras que nuestro cuerpo y nuestra alma nos pide encontrarnos con los signos del otoño, él se hace esperar y nos engaña con este loco revuelo atmosférico. La naturaleza también se confunde, vuelve la procesionaria, las moras se secan… Pero con las primeras y bienvenidas lluvias nos comenzamos a reconciliar con la cadencia de las estaciones. Y recogemos los frutos. Toca recibir la cosecha de todo lo vivido y sentido durante los meses de verano. Así que hacemos acopio de las fuerzas, la energía y la actividad experimentadas en ese tiempo para atesorar su herencia que no es otra que  el silencio del otoño y la esperanza del invierno.

    Os deseos un otoño íntimo, silencioso y esperanzado.